Es difícil de imaginar que a la plaza de España de Madrid se la conociera hace un siglo como la zona noroeste de la ciudad. Al menos a mi me resulta difícil de imaginar lo pequeño que era Madrid como para decir que se necesitaba una calle, la Gran Vía, para comunicar la actual plaza de España con el centro de la ciudad. La gente de mi edad hemos conocido Madrid casi como es hoy y no nos paramos a pensar que esta ciudad también ha sido “pequeña” (y comparándola con otras ciudades europeas, lo sigue siendo) y que por sus calles no pasaban coches si no carros de caballos.
Aunque Madrid ya era grande hace un siglo, las calles estrechas del centro se veían necesitadas de una vía amplia para desahogar su transito. Ya por aquella época se habían construido otras grandes avenidas en la ciudad, pero la mastodóntica obra de la creación de la Gran Vía cambió la forma de vida de mucha gente en la ciudad.

Construcción de la Gran Vía
Desde sus inicios y a lo largo de las tres fases en las que se construyó desde 1910, los diferentes tramos se fueron llamando de distinta manera, como calle de Conde Peñalver, Avenida de Pi y Margall o Avenida de Jose Antonio (por Primo de Rivera) hasta que finalmente, tras la transición a la democracia, pasó a recibir el actual nombre de Gran Vía.
A esta gran avenida se la conoce como el Broadway de Madrid por la cantidad de obras de teatro y musicales que en ella se estrenan cada temporada y que paseando cualquier día por ella o las calles aledañas te puedes dar cuenta con una simple mirada. Precisamente, en el 2010 y coincidiendo con el centenario de la creación de la Gran Vía, la famosa calle neoyorkina cambió su nombre por un día y pasó a llamarse Gran Vía, promocionando a la capital española y homenajeando de esta manera a una de las calles más importantes del mundo en cuanto a cartel teatral se refiere.
El mítico Cine Rex en el número 43 de la Gran Vía. Abierto en los años 40 y cerrado en el 2006, en el futuro albergará una sala de espectáculos. Aquí pude ver mi primera película de cine. E.T. el extraterrestre, muy pequeño yo aún.
La Gran Vía parece que tiene el deber mantener viva la frase de que “Madrid nunca duerme”, y es que ya sea por la mañana, medio día, noche o madrugada de cualquier día, paseando por ella te darás cuenta de que la frase queda más que justificada. Emana vida y ambiente por todos sus rincones, aunque su momento cumbre suelen ser las noches, cuando los teatros iluminan las aceras con los carteles de las obras más famosas.
Pasear por la Gran Vía supone observar los primeros rascacielos de España, mezclarte con todo tipo de gente de cualquier nacionalidad, vivir el bullicio de una gran ciudad. En el momento que andas por la Gran Vía, te haces partícipe de ella y tu mismo empiezas a formar parte de esta mítica avenida.
El punto de la Gran Vía que más me gusta es la zona de la plaza de Callao, siempre llena de gente y movimiento. De aquí hacia la Plaza de España es donde se concentran la mayoría de los teatros a un lado y al otro de la calle. Los bares sacan sus terrazas para tomar una caña en plena calle y si estás atento, seguro que ves a más de un famoso andar por aquí.
El Edificio Carrion es de los más conocidos de la gran Vía, sobre todo desde que Santiago Segura se colgara de él en su película "el día de la bestia" (aunque evidentemente, era una maqueta desde donde colgaban)
Callao es la zona donde me gusta estar, pero quizás la parte más bonita de la avenida sea la vista desde la calle Alcalá con el edificio Metrópolis abriendo paso a la Gran Vía. De estilo francés como sus arquitectos, el edificio es plasmado en numerosas postales que podemos llevarnos de souvernir, y es que su cúpula de pizarra coronada con una victoria alada no pasa ni mucho menos desapercibida.
Justo en este punto, desde el edificio Metrópolis, comienza la Gran Vía. A nuestras espaldas tendremos la calle Alcalá y plaza de Cibeles
Subida de la Gran Vía desde Alcalá. Al fondo, el edificio de telefónica, en su día el más alto de Europa.
La Gran Vía ha sido escenario del séptimo arte en numerosas ocasiones, pero si de arte hay que hablar, me quedo sin lugar a dudas con el arte de la pintura y los cuadros de Antonio López. El artista manchego a trasladado la Gran Vía madrileña a los lienzos en muchas de sus obras y hace poquito pude ir a una exposición temporal en el museo Thyssen y quedé maravillado. Es sencillamente impresionante y si tenéis oportunidad de ir a alguna exposición suya, os lo recomiendo. No os defraudará.

Cuadro realista de la Gran Vía de Antonio López, uno de los varios que tiene sobre esta avenida.
Evidentemente con este artículo no os estoy descubriendo nada nuevo y todo el mundo que visita Madrid acaba paseando al menos una vez por esta calle. Igual que por el día, recomiendo hacerlo por la noche cuando la luz del sol deja paso a la iluminación artificial de sus clásicos edificios y de los teatros. Sin duda alguna la Gran Vía simboliza la vida de Madrid, sobre todo, aquel Madrid que nunca duerme.



